Crónica del Gazpatxo Rock 2017

Este año decidimos empezar la temporada de festivales con nuestro primer festival de invierno con
acampada incluida, así que nos armamos de valor, nuestros sacos de dormir y el edredón nórdico y nos plantamos en Ayora, Valencia, a ver que era eso del gazpacho manchego.

Gazpatxo Rock lleva desde 2006 reuniendo a cientos de personas con el reclamo de un buen cartel, y este año no podía ser menos. En su XII edición nos pareció buena idea volver a ver a EUKZ y Reincidentes, y conocer por fin el fenómeno Mafalda. A pesar de llevar doce ediciones, Gazpatxo sigue siendo un festival familiar, de esos que, según los puretas, no han perdido su esencia. Nosotros, que ya somos mayores, echamos de menos algunas comodidades, que tampoco son una locura.

Llegamos a Ayora. A eso de las siete de la tarde apenas había ambiente festivalero, así que nos perdimos. Pocas indicaciones de la zona de acampada, las que vimos estaban en los postes del lado izquierdo. Incomprensible. De todas formas, culpa nuestra, en la web del festival había un link directo a google maps y te indicaba perfectamente cómo llegar. Aparcamos. Nunca
entenderé por que, habiendo sitio de sobra para aparcar en la puerta del camping, la gente se empeña en meter el coche hasta el fondo de la acampada. Puedo entender que quieran tener cerca sus cosas, evitar robos, pero habiendo una zona de acampada pequeña, y sabiendo que tendrás que esperar a que quiten todas las tiendas para salir el día que te vayas… Lo veo poco práctico. De todas formas, normal si no hay vigilancia por parte de la organización. Otra de las cosas que daba miedo era la presencia de sólo tres baños para una acampada de cerca de mil personas (por cierto, no se limpiaron en todo el festival). Agradecimos que al menos la gente no te impidiera acampar guardando sitio para los que estaban por llegar: muy buen rollo entre los asistentes.

Una vez instalados comprobamos que algún alma caritativa de la organización había dejado allí una montaña de más de quinientos palets de madera, que algunos campistas ya estaban aprovechando para hacer sus hogueras y resguardarse del duro frío de Febrero. Acampada con punkies, perros, hogueras y tiendas inflamables. Pero en pocas horas todo el camping funcionaba como una fraternidad, todo el mundo se ayudaba y todos compartían hogueras sin importar quién las hubiera hecho. El mismo viernes 17 de Febrero se realizaba la Fiesta Bienvenida, donde tocaron Combo Calada y Barrizal entre otras bandas. El recinto no estaba demasiado lejos de la acampada, y la organización tuvo el detalle de contratar una gran carpa cubierta para la realización de los conciertos.
El sábado 18 de Febrero se celebraba el resto de conciertos; allí pudimos ver a Desakato (poderosos), Mafalda (muy de moda), a los italianos Talco (marchosos), Non Servium (que por supuesto crearon altercado con la presencia de bengalas), Reincidentes (que hace años ya que parecen una banda tributo a Reincidentes por su deplorable estado de forma) y por supuesto a El Último Ke Zierre, una de nuestras bandas favoritas.

Dejar Ayora nos pone tristes. Porque queda mucho para el siguiente festival (Viñarock). Porque acampar entre hogueras mola más de lo que puede parecer. Porque un viaje sorpresa en Febrero es toda una alegría. Gracias a Tere, Christian, Paula, David y Alejandro por compartirlo con nosotros. Os dejamos con esas hermosas palabras que cantaba El Último Ke Zierre en Tus Bragas: “Soñé que me metí en tu cama, tras un festival de invierno, ahora ya no sueño nada, ya ha pasado mucho invierno…”

 

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